La mecedora acuna las cartas iluminadas de la luna
arrojadas con el permiso de postes y alambrados eléctricos por el ojo izquierdo del primer piso
A un costado, el invierno sopla la puerta
Por el corredor suenan
caras antiguas y desiguales huidas a una copa de vino
Las imágenes se descuelgan del cuello gordo del recuerdo y cambian de pared
entre brincos de algarabía metódica
Migajas de sol esperan en la ruel. La cocina y restos de lomo saltado en la bruma
de un tiempo encerrado
La noche tañe su no sé qué
Pespuntea un año mal planificado en las costuras de una arropada posibilidad!
Lívidas canciones acuden apretando los dientes
Los huesos de la casa como cadenetas de una gran razón bailable
El padre en su hijo con miradas de tibio engrudo
La buena suerte florece tras los silencios del terremoto
-A ver mi chocolín! Có-né-jó, có-né-jó!
-Lapin! Lapin!




